jueves, 9 de julio de 2009

Mar del Sur por Pompeyo Audivert


foto © Marxe

El mundo en primera persona

Los paisajes secretos de Mar del Sur

Por Pompeyo Audivert / Para LA NACION

Allí donde termina la cadena de playas que empieza en San Clemente, el viajero curioso, buscador de parajes solitarios y playas salvajes, encontrará, si sigue 17 kilómetros después de Miramar, Mar del Sur. ¡Oh, tierra abierta al sediento de libertad y de vida! Playas anchas y solitarias, médanos y acantilados, restos fósiles y piedras preciosas del mar.

Mar del Sur es un pueblito que estaba destinado a ser una especie de Mar del Plata. Allí terminaría en los proyectos de principios de siglo pasado, el tren que uniría Buenos Aires con las playas del Sur. Hasta tal punto lo creyeron algunos emprendedores que construyeron antes de que estos planes se concretaran, sobre su agreste suelo, un gigantesco y lujoso hotel 5 estrellas con canchas de tenis, caballerizas, panadería propia, palmeras, techos de pizarras, maderas traídas de Europa y todo lo que en aquella época acostumbraban tener los emprendimientos de la clase alta argentina.

Pero resultó ser que el tren terminó muchos kilómetros antes y Mar del Sur quedó al sur de los sueños de aquellos emprendedores, pero al norte de los paisajes soñados por todos los que buscamos conectarnos con la naturaleza tal cual es, sin la polución sonora ni arquitectónica de esos grandes centros de consumo en que se han convertido las playas argentinas.

Mar del Sur tiene sus paisajes secretos: el Remanso, zona de pescadores y aguas turbulentas donde no hay que nadar pues el mar te lleva con él y no te devuelve; Rocas Negras, que es una escollera natural de piedras que se adentra 300 metros en el mar y donde se pueden capturar cangrejos y calamares, además de observar pequeños paisajes en miniatura, maquetas de paraísos marinos que tal vez estén proyectándose allí para otras eras. Una laguna donde se puede acampar, que desemboca en el mar a través de un arroyo que tiene una cascada. Caminos de campo, caminatas de playa que no tienen fin, salvo que uno se anime a ir hacia ese otro lugar extraordinariamente solitario que se llama Centinela del Mar -sobre el que habría que hacer un documental-, que queda a 35 kilómetros al sur de Mar del Sur.

Mar del Sur tiene también su gente, sus personajes misteriosos, sus poetas, sus pintores, sus héroes y sus profetas, todos seres maravillosos que constituyen su paisaje espiritual, su latido, sin el cual Mar del Sur no sería lo que es.

Voy a Mar del Sur desde que tengo 6 años y a pesar de haber recorrido el país y el resto del mundo, soy de los que creen que a veces viajando no se va a ningún lado, que uno está siempre en el mismo sitio y que hay ciertos lugares en los que el alma viaja y encuentra nuevos rincones. Es decir, se puede también ser sedentario viajando y nómade en un punto.

El autor es actor y director. El 19 de agosto estrenará con su dirección Medea, de Eurípides, en el Teatro General San Martín.


3 comentarios:

Veroka dijo...

ueeeeehhh se corrio del marco!
Excelente nota de Pompeyo, y se ve que Mar del Sur se me metió en el alma como a nosotros!
Beso

Marxe dijo...

Qué raro, yo lo veo bien.

Veroka dijo...

ahora chiii