Mostrando entradas con la etiqueta Psi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Psi. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de junio de 2021

Humildad y coraje

 

Alberto Goldenstein - Verano 005 1994-95



Humildad y coraje requiere el amor.

Humildad para no pedir más que lo que necesitamos. Para no necesitar más que lo necesario.

Coraje para no aceptar lo que no queremos. Para no limitarnos con la expectativa de que el otro haga lo mismo.

Sin humildad, hay voracidad del otro.

Sin coraje, falso altruismo.

Luciano Lutereau

sábado, 3 de abril de 2021

Te amo

 

Alejandra Karageorgiu  -  Bendición


De qué hablamos cuando hablamos de amor. A veces, decir "Te amo" es decir "No me dejes". Otras es decir "No cambies". Con amor, no solo expresamos un sentimiento, sino expectativas vinculares. Por eso hay momentos en los que decir "Te amo" puede ser un modo de forzar una relación, buscar un efecto. Me gusta pensar que siempre mentimos un poco cuando decimos "Te amo", porque al decirlo queremos algo más. En ocasiones, decir "Te amo" es un tipo de chantaje. Hay también algo del extorsionador en el enamorado que dice "Te amo". Con cada "Te amo" secuestramos una parte del otro y pedimos un rescate. Y así podría seguir, con la demostración del contenido implícito en esta expresión, pero nadie va a dejar de usarla. Por suerte. Es que al mismo tiempo dice tan bien lo que no sabemos decir de otro modo. Tal vez por eso necesitamos esas dos palabras que no quieren decir mucho, o dicen lo que no queremos saber que dicen. No las vamos a dejar de decir nunca. Cada vez que decimos "Te amo", reprimimos lo que estas palabras dicen. Solo un inconsciente dice "Te amo". Gracias a que existe el inconsciente se dice "Te amo". Por eso nunca vamos a dejar de decir esas dos palabras que dicen todo y nada a la vez.

Luciano Lutereau

martes, 18 de septiembre de 2018

Determinismo y azar

 Ben Zank

Mónica López Ocón–Suele pensarse el psicoanálisis como algo que sucede sólo entre el paciente y el analista. En su libro usted incluye también la dimensión social. ¿De qué forma un analista puede incorporar al análisis una crisis tan brutal como la que vivimos hoy?


Luis Hornstein–Esto tiene que ver con distintas orientaciones dentro de psicoanálisis, con el lugar que cada una de ellas le da a la realidad actual. El psicoanálisis estuvo muy tomado por una concepción determinista en la que la infancia era un destino, en vez de considerar que, cuando estamos frente a personas menos patológicas, la historia es una mezcla de determinismo y azar. El azar tiene que ver con la realidad actual. Muchas veces se confunde historia con historia infantil; la historia de un individuo tiene que ver con la historia infantil, pero también con la historia adolescente, con el resto de la historia. La otra cuestión que tiene que ver con lo que estamos viviendo es la dimensión traumática. Lo traumático es todo exceso que no puede ser metabolizado. Si uno tuviera una actualización –yo pretendo tenerla– y pudiera pensar al psiquismo como un sistema abierto y no como un sistema cerrado, las cosas serían distintas.





miércoles, 28 de junio de 2017

Es la vida la que nos vive





Valeria Tentoni: En tu ensayo Dioniso, también publicado por El hilo de Ariadna, trabajás la idea de la vida como algo que vive a través de nosotros, no a la inversa. Probablemente lo estoy citando mal, ¿podrías ahondar en el concepto? 

Hugo Mugica: Siempre tenemos la idea de la vida por un lado y nosotros por el otro.

Valeria Tentoni: De nosotros viviendo la vida.

Hugo Mugica: Claro, pero voy a pensar en la vida viviéndonos. Es la vida la que nos vive, nosotros somos ella. Yo cada vez estoy más impresionado por esa idea. Este último libro se llama Al alba los pájaros, y sale de un verso que dice que al alba no cantan los pájaros, es el alba que los canta. Después me doy cuenta de que empiezo a fundir más esa idea de que todos nos estamos creando, y todos somos esa vida, y veo cómo se van aboliendo las separaciones.



jueves, 16 de abril de 2015

Insatisfacción


Claudio Naranjo

- ¿A qué se refiere con revelar la insatisfacción?
 

Porque detrás de toda búsqueda hay una insatisfacción y si queremos iniciar una búsqueda personal hacia el autoconocimiento y la transformación debemos ser conscientes primero de que este estado de cosas no nos satisface. La insatisfacción está ahí, bien latente y bien visible, lo que pasa es que el consumismo nos da respuestas del tipo: cómprate un coche mejor, cambia de casa, de ciudad, de pareja, de trabajo. Pero no vale la respuesta del consumismo porque la insatisfacción, así, no sólo no se resuelve sino que acabamos haciéndonos adictos a ella, que en realidad es lo que necesita el sistema: que seamos unos obedientes consumistas insatisfechos crónicos. Necesitamos respuestas más profundas que nos lleven a hacer cambios significativos.
 

- Tengo la impresión que tanto en la escuela como en la familia no siempre está bien vista la búsqueda ni la insatisfacción.

Y así es. Porque nuestra cultura no reconoce la búsqueda como un valor sino como un síntoma. Sólo se admite si está en el camino de la ambición profesional, pero si es algo indefinido, que es como tiene que ser la búsqueda en estado puro, enseguida se etiqueta. Dicen "qué persona tan inquieta", y se la ve rara. Si además es muy apasionada, la búsqueda no comprendida ni apoyada se hace dolorosa y acaba en la consulta del psiquiatra. Cabe la posibilidad de que se acabe interpretando como un síntoma esquizofrénico, angustia, etc., cuando en realidad no es más que la insatisfacción natural ante la vida alienada, separada y desestructurada que llevamos.


Claudio Naranjo
Sanar la civilización

miércoles, 4 de febrero de 2015

Enredos laberínticos

Jean-Joseph Perraud - La Desesperanza (1869)

El obsesivo va en el sentido contrario al objeto que causa su deseo. Bernardino Horne lo ha formulado con precisión al afirmar que “La neurosis obsesiva es una burocratización de la fobia”. Es una manera clara y certera de presentar a la obsesión hermanada con la fobia: un disfraz de enredos laberínticos que preservan al sujeto del encuentro con la falta. Pero, ¿cuándo se precisa una fobia? La fobia se instaura cuando el sujeto se encuentra con una falta que tiene para él estatuto de abismo, es decir de ilimitado; el peligro es perder el ser bajo el signo del fantasma de devoración, como enseña Lacan en el Seminario “La relación de objeto”. A la hora del amor, el obsesivo teme ser devorado por un Otro que desea. Por eso le resulta mucho más fácil someterse a cualquier requerimiento que se imponga dentro de los cánones de la demanda y evitar encontrarse con la mujer de sus deseos o quizá de sus sueños.

sábado, 25 de mayo de 2013

El Antihéroe




¿Alguien trajo facturas para el mate?

 Por Isidoro Vegh

[…]Cuando desde el lugar de un padre se ejerce el goce de la voz, el grito, esa voz no es del orden del dicho. Cuanto más se grita, menos pasa la palabra. La voz llena el vacío del Otro. Conviene destacar que la voz, para que tenga el valor del imperativo categórico, eso que llamamos el superyó sádico, es una voz que va ligada a una palabra que demanda obediencia, que indica un mandato. Pero que no se reduce a ese mandato o a ese dicho. No es –dice Lacan en el Seminario “La angustia”– la voz de la música. Es una voz que va articulada a una orden. Y que se presenta así en la medida en que no está interrogada.

[…]Cuando el sujeto se encuentra ante una escena en la cual no puede avanzar, es inexorable que apunte para el otro lado, a la regresión. Por ejemplo, ¿quién no perdió alguna vez a un novio, una novia, un marido, una mujer, una amante? Es de lo más común que, en ese tiempo donde se quiebra una relación que para el sujeto ha sido importante, se apele a la agenda, se repasen números viejos. “No tengo recursos para avanzar, pero quiero pasar a algo distinto, probemos con lo que fue.” A veces, pocas, da resultado. La mayoría de las veces produce decepción.

[…]Tal vez no pueda interrogar su atrapamiento y lo viva como la consecuencia de un destino inexorable. Un análisis ayuda al sujeto a que haga de un destino un estilo. Hacer de un destino un estilo implica hacer, del lugar de objeto de goce para el Otro, el lugar vacío que invite a la creación.

[…]El fantasma es un conjunto de significantes anclados por un objeto de goce. Objeto de goce que tampoco es natural: se gesta en los encuentros del sujeto con el lenguaje del Otro. Se gesta en una contingencia, que depende de la relación, desde el comienzo, del sujeto con el Otro.

[…]Otra historia surge cuando el sujeto renuncia con sus sueños, cuando, ante su incapacidad para avanzar de acuerdo a sus sueños, resuelve invertir el recorrido: en lugar de realizar sus sueños, queda al servicio del Otro. El sujeto se siente degradado, sufre. Es lo que llamamos el antihéroe. Podemos encontrarlo en el monólogo de Anton Chejov “Sobre el daño que hace el tabaco” o en personajes representados por Chaplin o Woody Allen. Suelen ser personajes extremos en los cuales advertimos el riesgo que para cada uno implica ignorar el precio de una pérdida necesaria. Cuando una pérdida no es una desgracia, es una pérdida eficaz. En cambio, cuando el sujeto no paga la entrada, sólo tendrá una función deslucida; más de lo mismo.

* de Senderos del análisis. Progresiones y regresiones, que distribuye en estos días ed. Paidós.




domingo, 12 de mayo de 2013

El lugar del síntoma




No son pocas las veces que el hijo es colocado en el lugar del síntoma, del chivo expiatorio sobre el cual cae toda la responsabilidad del sufrimiento familiar. Él es el problema y, ubicado en ese lugar, resulta funcional a todos y paga con su sufrimiento el costo de la patología del hogar.

Lic. Gabriel Rolón

viernes, 5 de abril de 2013

Mandatos



[...]
No habría que condenar tan rápidamente la imposición de pautas culturales. Hay que tener cierto cuidado de no generar en padres y madres la idea de que la transmisión de ideales o pautas culturales es un acto represivo y condenable, porque antes más bien es un hecho necesario en el proceso de constitución del sujeto. Este planteo supone que lo cultural actúa limitando indebidamente un desarrollo natural o espontáneo que tendrían niños y niñas si no fueran cercenados por esas pautas.
Sin embargo, sabemos que las cosas no funcionan así en el terreno de lo humano. El sujeto se constituye siempre a partir de una “imposición”: el deseo del Otro. Lo que la madre, o quien ejerza la función materna, quiere para ese bebé, y que incluye sus propios ideales, sus expectativas particulares para con ese niño o niña, y las pautas culturales donde esa relación se desarrolla. Esa primera “imposición” es necesaria para que luego, en un segundo momento, el sujeto constituya su singularidad mediante el proceso de separación o diferenciación.
 

En la separación, esas pautas pueden ser interrogadas o relativizadas a partir de ponerlas en contexto con otras, por la vía de una socialización que trascienda lo meramente endogámico, o a través de la rebeldía y el desafío que lleva a optar por ideales diametralmente opuestos, siempre poniendo en juego una terceridad. Pero también es posible que en ese segundo momento de diferenciación, el Otro materno (quienquiera que sea que ejerza esa función) sea incapaz de procesar la frustración que esa diferencia le genera, y que la terceridad no opere adecuadamente, con lo cual esa imposibilidad materna será un límite infranqueable para el sujeto. En ese caso éste termina asumiendo sin fisuras ese deseo, que se constituye así en mandato. Allí sí tenemos un grave problema en el proceso de subjetivación.

[...]

 Es decir, la crianza para la libertad no consiste en la desaparición de pautas a la espera de una supuesta aparición espontánea de las elecciones que cada sujeto trae en algún lugar de su ser, sino en el hecho de que esas pautas existan para que puedan ser interrogadas y reformuladas por cada sujeto en determinado momento de su constitución. La violencia primaria –imposición de las pautas– es necesaria. La secundaria –no dar lugar a que éstas sean interrogadas– no lo es.



sábado, 17 de noviembre de 2012

Cyborgs

The Matrix (Andy y Lana Wachowski, 1999)

En The Matrix, la humanidad aparecía limitada a servir de pila energética enchufada a una gran maquinaria que usaba sus procesos bioeléctricos y a cambio le hacía soñar un sueño eterno, que los protagonistas venían a poner en evidencia.  Viendo el modo en que la gente se comporta ultimamente con sus teléfonos celulares y demás equipos de conexión individual he llegado a pensar que no estamos muy lejos de la ficción planteada por la película. El mundo es cada vez más virtual y estar desconectado es un alto riesgo "social". En un artículo se señalaba que el 70% de los usuarios de estos aparatos afirman que olvidarse el celular en casa es la principal causa de ansiedad en sus vidas (algo que ya tiene nombre técnico y todo: nomofobia).  ¿Es The Matrix una gran exageración cinematográfica o es el anticipo de una realidad más próxima de lo que creemos?  El tiempo lo dirá. 
Hace unos días me tope con un artículo sobre este tema tomando en cuenta lo que está pasando en las salas de cine, y que me gustaría compartir con ustedes.



Esa luz de celular en la sala de cine...

El autor, citando como antecedente la compleja relación entre la TV y el cine, sostiene que quienes no dejan de mirar el celular durante la película definen “un nuevo tipo de espectador, que impondrá condiciones”, y que ese espectador es la realización del cyborg que anticipó la ciencia ficción.

 por César Hazaki

[...]Y el espectador con su celular prendido no es anónimo, no trata de pasar desapercibido, como tampoco lo pretenden los que comen pochoclo de un balde: está dispuesto a romper la liturgia que conocíamos en el cine. En su prepotencia de cyborg, poco le importan los reclamos de los humanos espectadores (restos arqueológicos de la humanidad pretérita); él no quiere la oscuridad completa, no quiere estar atento sólo a la proyección, no quiere perderse nada de su mundo personal durante la película. En la sociedad del espectáculo, el cyborg no acepta ser espectador, quiere ser protagonista.
En definitiva quiere hacer lo que aprendió y desarrolló en su casa viendo televisión: comer comida rápida, atender el teléfono y hacer zapping. El control remoto era una herramienta, todavía fuera del cuerpo, aunque no se soltara de la mano. El celular es parte inseparable del propio cuerpo: va con él a todas partes, se escucha directamente en el oído, se habla con él más que con quien se viaja o se trabaja. El celular constituye una nueva especie de humanidad, y los cyborg muestran las nuevas formas de subjetivación condicionadas por la tecnología.

Leer el artículo completo en Página/12

domingo, 7 de octubre de 2012

Del amor entre hombres al amor actual

"Homosociales" en el Medioevo

 por Louis-Georges Tin

Si bien la reproducción heterosexual es la base biológica de las sociedades humanas, la cultura heterosexual no es más que una construcción entre otras, y en ese sentido no puede presentarse como modelo único y universal. Por eso conviene preguntarse a partir de qué momento, cómo y por qué nuestra sociedad comenzó a encumbrar a la pareja heterosexual; preguntarse sobre los orígenes del dispositivo sociosexual en el que vivimos. [...]

El surgimiento de una ética cortés en Occidente favoreció el auge de una cultura de la pareja hombre-mujer, en tanto las amistades masculinas que habían tenido su momento de gloria en las leyendas heroicas empezaron a considerarse progresivamente como sospechosas, cuestionadas, rechazadas. Es ese pasaje de la antigua cultura –que llamo homosocial– a la cultura heterosexual moderna lo que debe examinarse. Esta sustitución fue larga, compleja y difícil; el auge de la cultura heterosexual se ve con mayor nitidez en las resistencias que suscita, que se cristalizan en los discursos caballerescos. [...]

 Aquiles y Patroclo

Hasta entonces la cultura feudal se había basado en un universo exclusivamente masculino. Los hombres, y especialmente los hombres de guerra, vivían a menudo en un mundo ajeno al de las mujeres. Esos caballeros estaban destinados a cultivar una ética del coraje individual y de sumisión leal al orden feudal, la ética del vasallo. La exaltación de la vida grupal, las campañas militares y la experiencia del peligro compartido creaban lazos muy estrechos. Esas amistades viriles solían convertirse en relaciones apasionadas, que comprometían a los dos caballeros hasta la muerte. Estas se expresaban en términos muy fuertes que implicaban una ternura entremezclada con el vigor militar, inconcebible para los actuales dispositivos sociosexuales. [...]

En la sociedad feudal el “amor normal” es entre hombres; es por lo tanto un “amor homosexual”, aunque ello no implique necesariamente una “connivencia carnal”, razón por la cual preferimos hablar aquí de “homosocialidad”; este término descarta cualquier confusión. [...]

En primer lugar, se trata de una sociedad homosocial, donde las mujeres se mantienen al margen y cuentan muy poco: de allí que casi no puedan a priori despertar ningún tipo de pasión; lo contrario resultaría extraño. [...]

En segundo lugar, esos amores masculinos están asociados al carácter propiamente global u orgánico de la sociedad medieval. Las amistades de hoy en día, en una sociedad individualista, se viven como relaciones eminentemente privadas; en la sociedad medieval, que es global, orgánica u holística, a menudo la amistad es una relación privada y pública a la vez, y goza de un reconocimiento social, cultural e incluso oficial. [...]

En tercer lugar, los amores masculinos, bajo el orden feudal, están a menudo asociados con el poder y los lazos de vasallaje. La presencia permanente de esos caballeros en la corte, esos jóvenes solteros, es necesaria para defender las tierras del soberano, su ducado o su reino, pero puede convertirse también en una fuente de conflictos, desórdenes y turbulencias. En tales condiciones, el culto a la amistad constituye un medio de regulación social que permite reforzar los vínculos entre los soldados, hacer surgir el espíritu de cuerpo y crear una suerte de cimiento social similar a la del célebre batallón de los amantes, el batallón de Tebas. [...]

Esas amistades son –y ésa es la cuarta propiedad notable en este caso– profundamente sentimentales. [...]



 Romeo y Julieta

La emergencia y el auge de la cultura heterosexual en Occidente colocan a los hombres de guerra en una posición difícil. Atrapados entre la ética caballeresca que incita a la guerra –universo masculino– y la ética cortés que incita al amor –universo femenino– se ven obligados a responder simultáneamente a dos órdenes conminatorias y contradictorias; su universo homosocial debe de ahora en más contemporizar con la cultura heterosexual. [...]

El amor de los caballeros por la dama en la sociedad cortés cumplía exactamente la misma función que las amistades masculinas en los castillos de antes; en ambos casos, esa disposición de los espíritus y los cuerpos, esas amistades y amores tenían como objetivo fortalecer la autoridad del soberano. Inicialmente la cultura homosocial, y luego la cultura heterosexual, estaban al servicio del poder. Esta homología funcional explica cómo dos paradigmas en apariencia tan opuestos pudieron finalmente sucederse con tanta rapidez. [...]

Leer el artículo completo en Página/12.


domingo, 10 de junio de 2012

Procrastinación

Quino


Se registra un aumento sostenido de la procrastinación, o el dejar para mañana lo que se puede hacer hoy

Para los psicólogos, el hábito de postergar ya es una “epidemia”


por Yésica De Santo

Lejos de ser haraganes, los procrastinadores son personas responsables pero con grandes dificultades para ponerse en acción. El trastorno aparece cada vez más en las consultas. Las redes sociales, una de las principales distracciones.

Es una sensación. Estoy ahí, tengo que hacerlo, pero es como si algo superior me atara de pies y manos. Es desesperante”, cuenta Bárbara Otero. Tiene 28 años, respira profundo e intenta describir lo que cada vez más personas padecen y que para muchos especialistas se ha convertido en una verdadera epidemia moderna: la llamada “procrastinación”, o el hábito de postergar.
Se trata de un trastorno psicológico que hace mella en la conducta. Según los expertos, en la Argentina es muy frecuente que se presente en las consultas psicológicas y mucho más en los últimos años. “En las consultas se ve mucho la dispersión, tanto en el trabajo y los estudios como en el cortejo. A la gente le cuesta mucho empezar. Si bien nadie consulta directamente por ser procrastinador, en la mayoría de los casos la procrastinación es motivo de angustia.”
Lejos de ser vagos, los postergadores son personas excesivamente responsables, pero con una inmensa dificultad para ponerse en acción. Las razones pueden ser muchas: la imposibilidad de realizar el duelo del término de etapas o procesos y la multiplicidad de tareas, son las más frecuentes. Y también el exceso de estimulación tecnológica que se vive en la actualidad, con el furor discursivo de las redes sociales quitándole tiempo a las acciones concretas.
“La gente está más indefinida porque la estimulación es infinita. Saber qué hacer es complicado y más cuando se busca la perfección”, explica Harry Campos Cervera, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). “Muchos creen que pueden controlar el tiempo, y que lo que no hicieron hoy, pueden hacerlo mañana sin ningún tipo de consecuencia.”
El dejar lo que hay que hacer hoy para mañana es una constante: estudio, trabajos, decisiones, paternidad, todo. Si bien los especialistas afirman que la mayoría de la población lo ha sufrido al menos una vez en su vida, hay quienes desarrollan este trastorno de forma crónica y los acompaña durante toda su vida, generándoles graves problemas, frustración y angustia.
“Es la nueva epidemia”, infiere Horacio Krell, director del Instituto de Lectura Veloz, Estudio y Memoria (ILVEM), y continúa: “Siempre hubo procrastinadores, pero en los últimos años, con la tecnología disponible, son más patentes. El ser humano está estancado, y se nota desde que el hombre es ‘multitarea’ y está hiperconectado. Las personas carecen de método para encarar los problemas y organizar los horarios”.
Bárbara es estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UBA. Terminó de cursar en 2008, pero aún posterga la entrega de la tesina, el paso necesario para obtener el título. “A veces creo que me gusta posponer. Me distraigo con Facebook, con Twitter y mi Blackberry, o haciendo cualquier otra cosa, pero la verdad es que sufro mucho porque es un peso que llevo en mi cabeza todos los días”, cuenta la joven a Tiempo Argentino.
Por más que se quiera, “el problema no se puede controlar con el intelecto y el decir ‘mañana empiezo’ o ‘mañana sí o sí’, pasa a ser una simple racionalización defensiva. Pero es importante no confundir con la razón algo que es psicológico”, expresa Any Krieger, psicoanalista.
Un lugar común entre los eternos postergadores es la idea de que  existe una relación íntima entre sus potencialidades y un “ideal” muchas veces inalcanzable. “Es como si siempre estuvieran mirando la zanahoria, pero en vez de hacerlos avanzar, ese ideal se convierte en un objeto de admiración, como si con el acto de alcanzarla, de comerla, fuera a romperse el ideal, y después ¿qué?”, sostiene Harry en diálogo con este diario. “Aparece el miedo de quedarse sin el motor que impulsa su vida”, agrega.
“Si hacés y te equivocás, aprendés y podés rectificar. Pero si no hacés, te sentís mal, impotente”, asegura Pablo Durán, un estudiante de Ciencia Política de 35 años. “Me molesta que me digan que le ponga voluntad. Intento, pero creo que eso es lo que me falla, la voluntad.”
Fernado García es doctor en Psicología y coordinador de investigación de AIGLE. “La idea de empezar a trabajar en un proyecto es lo que no resulta grato, y comúnmente porque el inicio enfrenta a los procrastinadores con sus limitaciones, y las dificultades propias de la situación.”
Según los psicólogos, la conducta de la postergación puede modificarse, dependiendo de la severidad de cada caso. Las alternativas son la terapia psicoanalítica, o la cognitivo conductual, que varían en sus métodos. “Lo mejor es que si la persona se siente reconocida frente a los síntomas y su vida se ve afectada de forma negativa, realice una consulta de inmediato con un especialista”, destaca Krieger.
“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” es, en consecuencia, una de las frases más resonantes, sino la más tortuosa para los procrastinadores, que suelen repetírsela una y otra vez, y de la misma manera tienden a esquivar su significado. 

Nota original en el diario Tiempo Argentino 

 

miércoles, 21 de marzo de 2012

Siervo de la sociedad



Hay que advertir que si a un chico como éste, o como tantos otros, se lo presiona lo suficiente –y no hace falta hacerlo con malos modales, basta el normal apoyo en la necesidad de ser querido–, se logrará el objetivo de que aprenda las primeras letras. Lo que está en juego no es si lo consigue o no, sino cómo lo lleva a cabo, un cómo que no queda medido de un modo confiable por el rendimiento. Puede aprender algo, pero llevarlo como un cuerpo extraño durante toda la vida. De nosotros depende la delicadeza esencial de este asunto: el coeficiente de apropiación de algo que pasa a ser mi experiencia contra diversos grados de desapropiación, donde si hay propiedad, es la del mandato, la de un deseo del Otro que no trabaja plegándose a facilitar el mío; del Ideal en su función más alienante, destacada por Lacan cuando lo caracteriza como “siervo de la sociedad”.

Problemática nada simple, en tanto no se arregla con hacer el sujeto un feliz propietario de su deseo y de su experiencia, a la manera capitalista. Mi experiencia no es un objeto que poseo, del cual puedo exhibir título de propiedad; es una inflexión que produce un “mi” que no estaba ahí antes, que en términos genuinamente existenciales no existía (Véase, de Jean-Luc Nancy, La libertad).

Ricardo Rodulfo

Fragmento del artículo ¡Qué lindo es desordenar! publicado en Página/12



viernes, 9 de diciembre de 2011

No quiero el mundo que te hizo vivir así



PADRES E HIJOS DE LOS KAFKA A LOS SIMPSON

- Si al siervo no le pertenecen las tierras ni los frutos de su trabajo, al niño de la familia pequeñoburguesa no le pertenecen sus pasiones: está obligado a tributar su futuro. La crianza es una experiencia de endeudamiento. La herencia pequeñoburguesa es sutil transferencia de identificaciones. Una especie de feudalismo emocional. El padre pregunta desconcertado: “¿A quién saliste así?”. El hijo admite: “No soy lo que esperabas de mí”. El padre sufre como si le violaran una caja de seguridad. Extraña culpa la del desencanto. Walter Benjamin observó que “en las extrañas familias de Kafka, el padre vive del hijo y pesa sobre él como un enorme parásito”. La Carta al padre de Kafka relata esa sumisión histórica en tiempos del amor. El problema de la familia fue, desde sus comienzos, el poder del padre enquistado como deuda de amor. Pero nuestros tiempos ya no son los del amor al padre como deuda moral, sino como perplejidad compartida de un desencuentro civilizatorio.


- El malentendido (o el sobreentendido, que es el malentendido exitoso) es la figura de la proximidad amorosa. La palabra del hijo tartamudea, el miedo inmoviliza su lengua, no termina de decir lo que quiere decir, ni de explicar lo que le pasa ni de declarar los sentimientos plegados en sus dolores. El hijo no puede darse a conocer y el padre, cuanto más cree conocerlo, más lo desconoce. Pocos amantes permanecen tan cerca e inalcanzables uno para el otro.


- Después de Kafka, los hijos del siglo XX, cada tanto, asumen una posición mesiánica: vienen a componer un mal, a limpiar una culpa, a liberar una potencia, a realizar una obra que mejore el mundo. Asumen la misión de salvar a los padres de la vida que tienen. (En 1903, M’hijo el dotor, de Florencio Sánchez, es una figura rioplatense del mesianismo familiar de las primeras décadas del siglo XX.) Otras veces, la obra del hijo impugna el mundo del padre, que es la historia social habitada por esa pequeña biografía que envejece. Tener un hijo, después de Kafka, es poner en cuestión la propia vida y ser padre es ofrecerse a ese cuestionamiento. Carta al padre suele leerse como protesta dolorida ante la autoridad paterna o como confesión de un hijo avergonzado por sus debilidades; el texto de Kafka atraviesa ambas posiciones sin encallar en esos lugares. Escriben Deleuze y Guattari (Kafka. Para una literatura menor, Editora Nacional, Madrid, 2002): “El problema con el padre no es cómo volverse libre en relación con él (problema edípico), sino cómo encontrar un camino donde él no lo encontró. La hipótesis de una inocencia común, de una angustia común del padre y del hijo es, por lo tanto, la peor de todas: el padre aparece en ella como un hombre que tuvo que renunciar a su propio deseo y a su propia fe (...) y que conmina al hijo a someterse sólo porque él mismo se sometió al orden dominante en una situación que aparentemente no tenía salida. (...) En suma, no es Edipo el que produce la neurosis, es la neurosis –es decir, el deseo ya sometido y que busca comunicar su propia sumisión– la que produce a Edipo”. Para Deleuze y Guattari, en Carta al padre no sólo se leen reclamos y acusaciones de un hijo que responsabiliza a su padre por el sentimiento de inseguridad en sí mismo que ha desarrollado, sino que se advierten tramas micropolíticas del deseo. El padre pretende algo peor que someter al hijo: propagar su propia sumisión.
Un hijo podría defenderse y hasta rebelarse ante un padre injusto y dominante, pero ¿qué hacer ante un padre que difunde tiernamente su propia derrota?, ¿cómo responde el hijo obligado al conformismo como prueba de gratitud?, ¿cómo se rehúsa al servilismo, sin traicionar ese amor? Ese rechazo pone a la vista la miserabilidad del padre, como si le dijera “no quiero tu vida”. El hijo no puede evitar ser cruel con quien tanto lo ama. El hijo suele decir al padre: “No quiero ser como vos”; como si temiera o rechazara la posibilidad de una identificación. Tal vez se trata de enunciar otra proposición: “No quiero el mundo que te hizo vivir así”.
La idea de encontrar una salida en donde el otro no la encontró plantea una tristeza de comienzo: el hijo viene al mundo para denunciar el encierro del padre. Tener un hijo no es precisamente tenerlo (como se tiene un auto o un dolor de muelas); tener un hijo es tener un testigo: dar lugar a otra conciencia que denuncia la mentira del convicto que pinta su estrecha celda como paraíso del deseo. La fantasía paranoica de los padres, en la literatura (Layo o el rey Basilio de La vida es sueño) puede leerse como súplica disfrazada de que el hijo desee lo que el padre tiene.

- Kafka relata la invención de la interioridad como territorio propicio para una huida. La interioridad es su escondite: se oculta para tener una vida. La literatura es su secreto.

- Esa decisión lo lleva hasta el límite de perder su vida (“mi vida ya no es mi vida”). Parece atrapado en una paradoja de amor: quiere salvar a su padre pareciéndosele, pero salvándolo se pierde a sí mismo.

Marcelo Percia

Ver artículo completo en Página/12

viernes, 4 de noviembre de 2011

Los nombres


Nadie escapa al nombre propio. El nombre es a la vez un derecho del niño y una institución, la única institución que individualiza en un acto de reconocimiento, relacionada con las funciones simbólicas de la maternidad y paternidad. Nombrar es hacer entrar al niño en el orden de las relaciones humanas. Elegir, dar un nombre a un niño, es hacerle una donación de una historia imaginaria y simbólica familiar. [...]

En el pensamiento griego, el destino es una figura compuesta, en la cual pueden destacarse tres aspectos:
a) Moira, inflexible predeterminación de una existencia, palabras pronunciadas de antemano a las cuales deberá plegarse toda la historia; 
b) Tukhé, el encuentro (bueno o malo), el azar; 
c) Daîmon, el personaje interno al sujeto, ignorado de él mismo, que guía sus pasos independientemente de su voluntad. El nombre reúne los tres aspectos; condensa la necesidad y el azar; deja al sujeto la posibilidad de reapropiarse de su nombre de pila, enriquecido por las incertidumbres del azar.

En la elección del nombre de pila hay siempre un acto de creación que se recrea constantemente, a medida que el niño podrá hacer suyo su nombre. Sólo en el curso de ese proceso el nombre se convertirá realmente en nombre propio. Si en algún momento el niño hiciera un síntoma, el nombre de pila podría ser tomado como un criptograma, cuyo desciframiento se puede revelar útil para liberar al niño de un punto de anclaje necesario, sin duda, para su filiación, pero que a veces puede amarrarlo a una patología. Se atribuye un nombre a un niño, pero a veces se atribuye un niño a un nombre. [...]

Juan Eduardo Tesone
Y vos, ¿cómo te llamás?

Leer artículo completo en Página/12

martes, 4 de octubre de 2011

Dominguito

 Dominguito Sarmiento

Lo que arruina a un niño no es la represión como agente exterior o la vigilancia sino, como a Dominguito, ¡un Padre-Maestro-Panóptico! Y Dominguito –estudiante irregular y calavera– tuvo que saltar de la pluma a la espada y de allí a la muerte.

¿Morir en la guerra puede asimilarse a un suicidio? Sin duda que no, pero ¿todos los combatientes suelen mandar cartas como ésta?: “Resolví entonces hacer algunos apuntes personales y dejar correr a esta cartera su suerte, en el bolsillo izquierdo de mi blusa”. “Mas si lo que tengo por presentimientos son ilusiones destinadas a desvanecerse ante la metralla de Curupaití o de Humaitá, no sientas mi pérdida hasta el punto de sucumbir bajo la pesadumbre del dolor. Morir por su Patria es vivir, es dar a nuestro nombre un brillo que nada borrará”, le escribe Dominguito a su padre desde el frente: su Patria, nuestro nombre, ¿hace falta el subrayado?

María Moreno
En diminutivo

Ver artículo completo en Página/12



sábado, 13 de agosto de 2011

Fundación


 Empieza, pequeño niño, a conocer a tu madre riéndole
-a tu madre a quien diez meses trajeron largos sufrimientos-.
Empieza, niño pequeño: al que no le han sonreído los padres
no lo convida a su mesa ningún dios,
ni diosa a su lecho.

Virgilio
Bucólica IV


  Crónica de un niño solo - Leonardo Favio


Yo quería las zapatillas buenas

Se sabe que la castración inaugura el campo del deseo, que “eso que falta” constituye el motor que impulsa la búsqueda de ese encuentro siempre fallido, pero que a la vez justamente por eso es incesante. Pero para que esta operación castración, fundante del sujeto en tanto deseante, se lleve a cabo más o menos eficazmente, es condición previa la existencia de un Otro que aloje y haga objeto de su propio deseo a ese sujeto en constitución. Cuando el Otro se ve imposibilitado de constituir como objeto de su deseo a ese niño, el proceso de libidinización se ve seriamente afectado. Y un niño escasamente libidinizado dispondrá de escasa libido para poder sostenerse en el aprendizaje y en la actividad cotidiana.
La falla en la función materna puede detectarse en muchos casos de menores en conflicto con la ley. Un error frecuente es suponer que la instancia que falló es la paterna, normativizante, y promover supuestas soluciones tendientes a instalar o reforzar esa función: esto favorece un deslizamiento hacia lo punitivo que difícilmente modifique la posición del sujeto.

Andrea Homene

Fragmento del artículo publicado en Página12


viernes, 10 de junio de 2011

Tres amores

 Antonio Berni - Manifestación (1934)

Amor fascista, amor conyugal, amor romántico

El autor sostiene que “en la Argentina hay un renacer de la pasión política y una recuperación del amor”, y diferencia –para el individuo y para la política– entre tres formas: el amor romántico, “que le acontece al sujeto y lo obliga a tomar posición”; el amor conyugal, “que rehúsa el enamoramiento y busca la seguridad”; y el amor fascista, “que procura tomar posesión del otro”.

Por Emiliano Galende

[...]

Cuerpos que anhelan

No dudamos de que el amor es un valor en la vida psíquica, así como el odio, el resentimiento, la decepción, el engaño sufrido, actúan como tóxicos para el psiquismo. Todos lo reconocemos en nuestra vida amorosa: en el amor de la pareja, como en la fiesta, como en la tribuna cuando el equipo gana, como en el baile compartido, como en la manifestación política, los cuerpos se aligeran y saltan, toman ritmo; se vivencia al otro como compañero, como amigo o como amante; sentimos que la unión es placentera, que la satisfacción reside en el integrarnos.

También conocemos lo contrario: el rencor, el odio, la decepción, el miedo, la incertidumbre sobre el futuro, hacen que los sujetos se retraigan sobre sí mismos; sus cuerpos, decaídos como su ánimo, no son aptos para saltar o bailar; la pasividad los invade: no es posible la manifestación de los desanimados, de los pesimistas o de los resentidos: el otro, los otros, o son indiferentes o son enemigos. Recordemos cómo las dictaduras que hemos sufrido provocaron y utilizaron estos sentimientos. Y tengamos presente ahora que la mentira, la falsedad, con la intención de provocar estos sentimientos de decepción, rencor, temor, tiene el mismo sentido político: paralizar las ilusiones, alentar la pasividad, atenuar los entusiasmos, mantenernos pesimistas y aislados.

Vale recordar las consignas del Mayo francés: “la imaginación al poder”, “amor libre”. Las luchas por el amor, la igualdad, la libertad, el deseo de protagonismo, siempre han causado temor a los poderes dominantes, porque entienden bien que sus privilegios individuales están amenazados.
No dudo de que asistimos a un renacer del amor y la verdad en el país. Observamos muchedumbre de jóvenes, y también viejos románticos, decididos a luchar contra los escepticismos en política, y a inventar formas de encuentro más libres y dispuestas a exponerse al amor verdadero; cuerpos que anhelan encontrarse en manifestaciones, sujetos que se sienten protagonistas de la construcción de su vida y, en un mismo gesto, la construcción de lo social.

Y, lo que creo esencial para la salud mental de cada uno, sujetos decididos a enfrentar esos dos polos que desde siempre amenazan la vida libre: el discurso de la seguridad, discurso conservador si lo hay, en la pareja amorosa y en la política; y el discurso fascista, violento, que se vale desde siempre de la mentira, el miedo y la amenaza sobre el futuro. Defender un discurso romántico en la política, como creo está comenzando a ocurrir en el país, es generar en los individuos condiciones para un renacer romántico en el amor entre sujetos libres. Este camino es también el camino de ampliación del dominio de los valores de la salud mental: lograr un sujeto activo, comprometido con su comunidad y capaz de comprometerse en el amor.

fragmento del artículo publicado en Página12.