jueves, 1 de octubre de 2009

Ana Cacopardo - el arte de la entrevista

Me gustan las entrevistas. Como medio periodístico y cultural me parecen una herramienta fantástica siempre y cuando la persona que se encarga de la misma sepa cómo hacerla, tenga arte. En lo que va de mi vida he visto varios entrevistadores que manejan esa dinámica de la charla sin protagonismos ni vanidades, sacando lo mejor del entrevistado. Pero hay dos que para mí están en la cima. Del primero ya hablé en otra entrada: Fabián "Polo" Polosecki. Un capo. De quien no hablé es de Ana Cacopardo.
Hace un tiempito me encontré en Canal 7 (cuando nó) un ciclo de entrevistas sencillamente maravilloso: Historias Debidas. La calidez, calidad y belleza de estas entrevistas rara vez pueden encontrarse en la televisión. Lamentablemente en la actualidad el ciclo sólo se pasa en cable por el canal Encuentro. A ver si vuelve al aire alguna vez. Ayer me topé con una hermosa nota en la revista Acción y quise compartirla con todos. Acá, unos fragmentos.


Ana Cacopardo

¿Cómo define el tipo de entrevistas que realiza en Historias debidas?

Me interesa la entrevista de fondo, la que intenta asomarse al mundo del otro. Por eso hago un ciclo como este, que ya tiene casi 10 años en pantalla. Hicimos personajes bien distintos porque lo que fundamentalmente nos interesa es la condición humana y, por supuesto, la memoria colectiva. Esa posibilidad extraordinaria que un trayecto de vida tiene para explicarnos un momento de la historia. Se trata de mujeres y hombres representativos de la cultura popular, de organizaciones sociales, desde Eduardo Galeano y Pérez Esquivel, hasta Sabina Sotelo, Houseman, Acavallo y el dueño de «Bolichón con historias» de Berisso. Este hombre, un laburante del Swift, fue parte del sindicato de la carne, y gestionaba un barcito de la calle Nueva York en Berisso, donde se cantaba tango y se recuperaban una serie de tradiciones del encuentro en una calle que tuvo una historia muy ligada al nacimiento del peronismo. Destaco especialmente los programas que hicimos con Hugo Mugica, el payaso Firulete, el cura Carlos Cajade, la flaca Rossetto, Leonardo Favio... El encuentro con Ulises Barrera, un maestro del periodismo, sus relatos boxísticos eran en verdad una excusa para la crónica social. Lo recuerdo emocionado contando sus últimos encuentros en la cárcel con Monzón, o a Osvaldo Bayer, mirándose en el espejo de una foto donde tenía apenas 20 años y diciendo: «Tendrías que haber amado más».

¿Qué técnicas utiliza en este ciclo?

En cada programa hay una búsqueda que tiene que ver con la condición humana, son diálogos en profundidad, trabajo con una estructura de entrevista que toma conceptos de la historia de vida en términos antropológicos. Utilizamos una serie de recursos, por caso el uso de fotos del álbum familiar, la apelación a la genealogía de los personajes. No son programas que se graban en serie, rapidito y salen con dinámica en vivo, sino que se producen mucho, hay una investigación previa de los personajes. Para mí es también un homenaje a la entrevista, donde el lugar del conductor es propiciar la mejor manera de contar una historia, donde lo que yo hago para desplegar mi oficio de entrevistadora es lograr que el personaje encuentre primero la confianza para dejar de ser personaje y ser persona, aún delante de la cámara. Y segundo, para llevarlo a los núcleos centrales tanto en la historia personal como en ese cruce con lo colectivo.

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A mí me gusta pensar en un universo donde las cárceles no formen parte del proyecto. Aunque si ahora fueran sanas y limpias ya sería un gran avance. Hoy las rejas son el horizonte de una sociedad que expulsa cada vez más, mientras que algunos se encierran en los countries y pretenden no ver el despojo, la humillación y el sufrimiento. Y la verdad es que ese horizonte, tan triste, no puede formar parte de mis sueños.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hoy por primera vez descubrí tu programa y me atrapó. Justamente la forma de entrevistar fue la que me llamó la atención y haciendome quedar frente a la tele. Durante el programa pensaba... ¡qué difícil es dejar hablar al invitado y qué hermosos son los pequeños silencios que se producen!...También pensé ¿cómo se puede sostener un este programa con este ritmo? E inmediatamente me contesté ¡¡¡QUE SUERTE QUE SE SOSTIENE!!! ME PRODUJO MUCHO PLACER ENCONTRARLO.